Amantes de la provocación, de lo novedoso, de explorar los límites, de emocionar a través de lenguajes sorprendentes e inexplorados, los artistas han encontrado en los robots colaborativos un aliado insospechado para llevar sus performances a niveles desconocidos hasta la fecha. Este 2019 ha sido un año repleto de pequeños pasos que han llevado a los cobots a subirse a los escenarios y estimular la creatividad de reconocidos artistas españoles.
El primer “experimento” llegó de la mano de la coreógrafa Sol Picó, que se coordinó a la perfección con un cobot UR10e para interpretar en el Teatro Nacional de Catalunya “Un año de amor”, de Luz Casal. “Había trabajado antes con sensores de movimiento, pero nunca había vivido una experiencia tecnológica tan innovadora como esta, en la que una máquina es capaz de emocionar”, nos contó la bailarina.
La segunda colaboración llegó en octubre, con el inicio de la veinteava temporada del Liceu tras su reapertura. Los cobots demostraron otra vez que podían ser perfectos compañeros de escenario. En este caso, formaron parte del montaje futurista de la ópera Turandot, imaginado por el escenógrafo Franc Aleu. “Las cantantes están muy seguras trabajando con los cobots”, aseguró.
En noviembre se ha producido una nueva innovación colaborativa al otro lado del telón, concretamente en el Teatro Auditorio de Granollers. Se trata de Robot Orquestra, un proyecto pionero impulsado por la Orquestra de Cambra de Granollers, dirigida por Corrado Bolsi, para conectar dos artes, el de la música y el de la cerámica, a través de la robótica colaborativa. La iniciativa se estrenó durante el espectáculo Els elements, una aproximación musical a la fascinación que los compositores han sentido históricamente por los fenómenos naturales.

La composición elegida para Robot Orquestra fue la Sinfonía 59 (del fuego), de Haydn. Es una obra llena de contrastes y pasión, perfecta para que entraran en acción dos brazos robóticos que creaban relieves en el barro mientras sonaba la música, adaptándose a los cuatro tiempos de la composición.
Quienes insuflaron a los cobots la capacidad de emocionar fueron el ceramista Toni Cumella, quien asumió la dirección creativa del proyecto, y los programadores del Instituto de Arquitectura Avanzada de Catalunya (Dubor A., Chadha K., Rizzuti C., Yilmaz H.). A fin de que los robots colaborativos “sintieran” la música, se utilizó una interfaz en tiempo real (ROS), análisis de sonido (MAX-MSP) y diseño generativo (GH3D).

En el proyecto Robot Orquestra también colaboró Vicosystems, integrador de robots colaborativos especializado en los cobots de Universal Robots.
Fotografías: Toni Torrillas.
