El valor añadido de los cobots radica en las posibilidades de la personalización y la adaptabilidad, no solo del robot, sino también de los procesos productivos de los que se encarga.
La fabricación personalizada es una de las grandes ventajas competitivas de la Industria 5.0, y el mayor logro que se obtiene gracias a la flexibilidad de los cobots para adaptar su velocidad y rendimiento a las necesidades de la industria, sin que esto afecte a la uniformidad o calidad de la producción.
La eficiencia es otro de los grandes retos en un mundo que agota sus recursos a pasos agigantados, consiguiendo producciones en las que los materiales y fuentes de energía son usadas bajo parámetros mejor definidos y que responden de forma automática ante los datos que recogen y procesan los cobots.
Por otro lado, la seguridad es un punto cable en la revolución colaborativa, liberando al operario de riesgos y lesiones relacionadas con actividades pesadas o repetitivas, además de reducir la exposición a situaciones peligrosas.
Todo esto es posible gracias a que las interacciones entre humanos y cobots son más naturales y el diseño de los robots ha evolucionado significante, con modelos más ligeros, ergonómicos y, sobre todo, fáciles de manejar y supervisar por profesionales sin una formación específica.
El ingenio humano es lo que realmente hace posible el avance de la automatización y que su aplicación consiga superar nuevos obstáculos y desempeñar nuevos roles en la cadena industrial. Sin olvidar que esto lleva implícito, que la explotación del potencial de los robots colaborativos también debe ir unida a la reflexión ética, la democratización de la tecnología y su empleo de forma responsable.